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Afección del pie

¿Qué es el neuroma de Morton?

  • 15 de Diciembre, 2017 09:31 AM
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¿Qué es el neuroma de Morton?
Neuroma interdigital plantar -.Agencia

El neuroma de Morton, conocido también como neuroma interdigital plantar, fue descrito por el Dr. Morton en el año 1876. Se trata de un tumor formado por tejido nervioso. En este caso, el neuroma de Morton define la afectación y engrosamiento del nervio interdigital que ocupa el espacio entre el tercer y cuarto dedo del pie.

Simplificando estos términos, podríamos decir que el pie esta enervado por un entramado de cables que son los nervios. Uno de estos nervios padece una compresión crónica que provoca la irritación y su efecto secundario, la inflamación. En ocasiones también puede producirse entre el tercer y el segundo dedo del pie.

Por norma general son las mujeres las que más padecen esta afectación, podríamos estar hablando de una proporción de un 75% por encima de los hombres. El neuroma de Morton suele ser unilateral, por lo que es poco frecuente encontrar esta dolencia en ambos pies simultáneamente, lo cual no impide que sí puedan existir dos neuromas en un mismo pie.

Sería una obviedad decir que los deportes en los que se necesite el uso de los pies son más predisponentes para sufrir esta dolencia, ya que a excepción de la natación y el ciclismo, en el resto de deportes se solicita en mayor o menor medida la pisada. Dicho esto, sí hay que puntualizar que actividades deportivas como el atletismo son considerados de riesgo para esta afección. Deportes de alto impacto y saltos como el baloncesto o voleibol, y otros con calzado inadecuado (de tacos) como fútbol o rugby también aumentan la posibilidad de padecer neuroma de Morton.

A pesar de que esta lesión no es considerada como grave, sí que es dolorosa, llegando a ser una molestia constante durante el gesto de caminar, e impeditiva a la hora de la práctica deportiva. Además, se trata de un problema que no desaparece por sí solo, y de no tratarse en sus primeros estadios con procedimientos conservadores su agravamiento concluye en el paso por quirófano.

Los siguientes síntomas suelen ser el denominador común entre los pacientes de un neuroma de Morton:

  • Dolor agudo y punzante, en ocasiones llegando a ser quemante, en la región anterior del pie (zona metatarsiana y dedos).
  • Es un dolor que empeora con el tiempo.
  • Hormigueo en el espacio comprendido entre el tercer y cuarto dedo del pie, incluso sensación de calambres.
  • Este dolor se incrementa en la deambulación, en la simple bipedestación o con cualquier presión localizada, como puede ser ponerse calzado. Y disminuye al dejar de caminar o al retirarse dicho calzado.
  • Los pacientes encuentran alivio con el reposo, el masaje, o el apoyo del pie en una superficie fría.

Si un paciente llega a consulta con este patrón de síntomas, será sencillo llegar al diagnóstico. Para confirmar la presencia de este neuroma el médico usará diferentes métodos de diagnosis. Lo más indicativo en la primera toma de contacto a la palpación es la compresión localizada en el espacio interdigital, en busca de dolor. Esta maniobra de compresión entre los metatarsos del pie en ocasiones arroja un chasquido casi inaudible en la zona del neuroma. También se puede provocar presión de forma transversal (comprimiendo los metatarsos entre ellos) conocido esto como test de Mulder.

Fuera de las pruebas de diagnóstico manuales, encontramos las pruebas de imágenes como método definitivo. Lo más extendido es la toma de radiografías con los pies en carga para valorar la longitud de metatarsos, posibles deformidades y callos óseos, artritis y descartar cualquier anomalía coincidente con la sintomatología de un neuroma de Morton. Es conveniente confirmar estas pruebas mediante resonancias magnéticas o ecografías, obteniendo resultados más efectivos para el estudio del tejido blando.

Como en cualquier otra lesión, en el neuroma de Morton el primer remedio pasa por los tratamientos menos invasivos y agresivos, los no quirúrgicos. A este respecto, podemos encontrar recomendaciones médicas sencillas de seguir y aplicar y en ocasiones suficientes para paliar las molestias generadas por esta patología. Consejos como el uso de ortesis(plantillas ortopédicas) especialmente diseñadas para contrarrestar el neuroma de Morton, o cambiar el tipo de zapato por uno de horma más ancha que evite la compresión de la zona metatarsiana pueden aliviar el dolor en mayor o menor medida.

Estaría indicado también el uso de un vendaje neuromuscular localizado (una cincha en la zona metatarsiana), la aplicación de fisioterapia y crioterapia.

Fuera de estos tratamientos más conservadores, podemos acudir a la farmacología, empleando medicamentos antiinflamatorios no esteroideos, ya sean por vía oral o inyectada en la zona afectada. Podrían ser recomendables igualmente las infiltraciones de corticoides, bloqueantes neurológicos o analgésicos. Este tratamiento del neuroma de Morton no puede prolongarse en el tiempo, por lo que no representa un buen sistema a medio largo plazo.

De forma reciente, se ha comenzado a emplear un método basado en la radiofrecuencia, que permite reducir el volumen del neuroma con un simple pinchazo. De esta forma se disipan los síntomas sin cicatrices ni efectos secundarios adversos.

Tratamiento quirúrgico del neuroma de Morton

En caso de no aplacar esta dolencia con los métodos comentados, y de persistir el dolor, como último recurso se acudiría a la intervención quirúrgica. Esta operación, que no requiere hospitalización, consiste en una pequeña incisión, de unos tres o cuatro centímetros, en la cara dorsal del pie. A continuación se separan los metatarsos y se abre el ligamento intermetatarsiano para poder acceder al neuroma. Una vez localizado, el especialista decidirá si resecar o liberar el neuroma.

Ambas técnicas están aceptadas y son llevadas a cabo con igual porcentaje de efectividad; alrededor del 85% de las personas intervenidas quirúrgicamente muestra una recuperación completa sin la aparición de molestias. Gracias a que es una intervención menor, el posoperatorio no supone una gran incomodidad al paciente, resumiéndose todo a 48 horas de elevación y reposo del pie y el uso de calzado específico de tres a cuatro semanas, no siendo necesario ningún tipo de rehabilitación.

Existe otra vía de abordaje, en este caso por la planta del pie en vez de la cara dorsal. Esta opción permite llegar al neuroma sin necesidad de seccionar el ligamento intermetatarsiano, pero por el contrario el paciente deberá usar muletas durante al menos dos o tres semanas para evitar apoyos sobre la zona de cicatrización.

No existe una prevención eficaz para esta patología, tan solo evitar factores predisponentes a ella, como por ejemplo llevar calzado cómodo y prescindir de los zapatos de tacón, descansar los pies y aplicar frio tras una exposición elevada a su uso (deportistas, trabajadores que deben permanecer mucho tiempo de pie o caminando, etcétera).   

Con información de Agencia

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