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Salud tercera edad

Fractura de cadera en personas mayores

  • 18 de Marzo, 2018 02:54 PM
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Fractura de cadera en personas mayores
El número de fracturas de cadera crece progresivamente debido al aumento de la esperanza de vida de la población -.Agencia

Las fracturas de cadera en las personas de la tercera edad son consideradas uno de los principales problemas de salud asociados al envejecimiento, ya que una rotura de cadera en un adulto mayor tiene graves consecuencias que van más allá de la lesión, como hospitalizaciones, intervenciones quirúrgicas de riesgo, postoperatorio lento, pérdida de independencia del individuo, e incluso la muerte, entre otras.

El número de fracturas de cadera crece progresivamente debido al aumento de la esperanza de vida de la población, y su prevalencia sube con la edad, por lo que hay más episodios entre las personas que han superado los 80 años. Según datos del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad en 2008 tuvieron lugar unos 100 casos por cada 100.000 habitantes, cifra que aumentaba hasta los 2.500 casos por cada 100.000 habitantes en las personas que superaban los 75 años. Actualmente se estima que cada año se producen unas 60.000 fracturas de cadera.

Consecuencias de la fractura de cadera en el adulto mayor

Los datos obtenidos en el Primer Informe del Registro Nacional de Fracturas de Cadera indican que solo el 37% de los mayores que sufren una fractura de cadera vuelve a su casa, mientras que el resto deben trasladarse a unidades de rehabilitación o residencias. Además, no todos consiguen volver a andar, ya que solo el 60% alcanza esta meta usando un andador, y el 20% necesita ayuda durante un largo periodo de tiempo.

Esta situación conlleva una falta de autonomía para el mayor, pérdida de movilidad y de destreza, falta de seguridad y confianza, y una menor capacidad de autocuidado que puede originar la aparición de enfermedades, o complicaciones en las que ya padecía (úlceras de presión, problemas circulatorios y respiratorios, descontrol en el tratamiento…). De hecho, alrededor del 6,7% de los pacientes geriátricos que sufren una rotura de cadera fallecen al mes del accidente.

Debido al gran impacto que este problema provoca en la vida del mayor, es necesario que el tratamiento continúe tras la intervención quirúrgica, y en los últimos años se ha hecho especial hincapié en el trabajo multidisciplinar entre los profesionales de geriatría, enfermería, rehabilitación y asistencia social, lo que ha conseguido reducir la tasa de mortalidad y mejorar el estado de salud del afectado una vez que le dan el alta.

Aunque la mayoría de los adultos mayores que sufren una rotura de cadera presentan un alto riesgo quirúrgico derivado de su estado de salud, el 97% de ellos son operados, según se indica en el Primer Informe del Registro Nacional de Fracturas de Cadera. La intervención quirúrgica se intenta realizar antes de que trascurran 24 horas desde el accidente, ya que de esta forma se pueden evitar posibles complicaciones como infecciones o problemas circulatorios.

Por otro lado, elegir la mejor opción para reparar el problema viene determinado por la edad del paciente; así, si este no es mayor de 65 años se puede proceder a la fijación de la zona fracturada con tornillos, pero cuando la persona supera esta edad se suele optar por la colocación de una prótesis.

Con la colocación de una prótesis se pretende devolver al paciente la funcionalidad de la zona sustituyendo el hueso afectado. Hoy en día existen diferentes tipos de prótesis, y la elección de una u otra dependerá de factores como la calidad de los huesos del paciente, la edad de este, o si previamente ha sido sometido a otra cirugía en la zona, entre otros. La tipología de caderas se establece teniendo en cuenta los huesos que se van a sustituir:

  • Total de cadera: son las más utilizadas cuando hay desgaste.
  • Parcial de cadera: es menos agresiva que la total y se suele utilizar cuando hay fractura del fémur.
  • De revisión: son las utilizadas para sustituir una prótesis anterior, y puede ser total o parcial.
  • De resuperficialización o resurfacing: son las más utilizadas entre pacientes jóvenes.
  • Además de colocar la prótesis, se debe llevar a cabo el anclaje de esta al hueso, algo que se realiza mediante estos dos métodos:
  • Fijación cementada: es la más utilizada cuando hay una fractura. Se lleva a cabo colocando cemento óseo alrededor de la prótesis para que la sujete al hueso.
  • Fijación no cementada: es una fijación más natural porque el material utilizado simula la composición del hueso, pero no se suele utilizar en personas con mala calidad ósea, como suelen ser los mayores.
  • Con información de Agencia
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