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Diferencia entre Intolerancias y alergias alimentarias

  • 12 de Febrero, 2020 10:39 AM
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Diferencia entre Intolerancias y alergias alimentarias
Diferencia entre Intolerancias y alergias alimentarias Agencia

Es habitual que ambos conceptos se utilicen como sinónimos cuando en realidad no lo son. El gluten, por ejemplo, es una proteína generadora de mucha confusión. Pero no es lo mismo ser sensible al gluten que ser alérgico al gluten o que ser celíaco. 

Las alergias alimentarias se producen porqué nuestro sistema inmunitario percibe que una sustancia, en principio inofensiva para nuestro organismo, es nociva, y en consecuencia, actúa de manera desproporcionada, provocando una serie de síntomas. Por el contrario, una intolerancia alimentaria es una reacción del sistema digestivo ante un alimento u otra sustancia, debido a un déficit enzimal del organismo que impide metabolizarlo correctamente.

¿Cómo deben actuar los alérgicos y los intolerantes?

Las personas alérgicas deben eliminar por completo el alimento o sustancia causante de la alergia. Sin embargo no es tan fácil, porqué a menudo no solamente se trata de no ingerir el alérgeno, sino de no estar en contacto con éste y vigilar minuciosamente la composición de todos los alimentos y productos que se compran.

En el caso de las intolerancias alimentarias, el cuerpo, de manera gradual, puede llegar a aceptar y tolerar pequeñas cantidades del alimento u sustancia, sin presentar síntomas o malestar generalizado.

En este contexto de extrema sensibilidad sobre salud y alimentos, abunda el pensamiento reduccionista de limitar los alimentos a dos categorías: buenos y malos. La moda de ingerir alimentos con la etiqueta “sin” ha hecho furor, sin ningún planteamiento lógico ni racional. En la mayoría de las ocasiones impera la filosofía del “por si acaso”. Psicológicamente, muchas personas se sienten más tranquilas si prescinden, por ejemplo, del gluten en su dieta habitual, aunque puedan ingerirlo sin problema alguno. En los casos más extremos, este tipo de decisiones tan discriminatorias pueden llevar a descompensaciones nutricionales sin fundamento alguno. De ahí que los alimentos y bebidas “sin” hayan llegado a convertirse en un negocio lucrativo para algunos a costa de los temores y la desinformación general.

Tomémonos unos minutos para escapar de esta ceremonia de la confusión tan habitual. Al hablar de una alergia alimentaria hay que precisar que es nuestro sistema inmunológico el que actúa, generando anticuerpos ante un alimento o uno de sus componentes. Son palabras mayores. En el caso de la intolerancia a un alimento, no interviene el sistema inmunológico; es el propio metabolismo de la persona el que produce la reacción adversa. El ejemplo más claro es la lactosa. No existe la alergia, sino la intolerancia.

Gluten y lactosa: ni ángeles ni demonios

Ambas manifestaciones, sin embargo, pueden producirse con síntomas similares. De ahí el error habitual de mezclar una con otra. La intolerancia genera malestar. Lo notamos con señales como náuseas, gases, retortijones abdominales, diarrea, irritabilidad, nerviosismo o dolor de cabeza. La alergia, por el contrario, puede tener consecuencias fatales. Es nuestro sistema inmunológico el que reacciona de manera descontrolada liberando sustancias químicas que pueden tener efectos devastadores en el organismo.

¿Alergia, intolerancia o intoxicación? Estas son las diferencias

Según Elika, las reacciones alérgicas “suelen producirse entre pocos minutos y una hora después de haber ingerido el alimento. Los síntomas que se manifiestan y su gravedad dependen de la cantidad de alérgeno ingerido y de la sensibilidad de la persona alérgica, y pueden durar horas, días o semanas”. Los signos que pueden ponernos sobre aviso de una posible alergia son de tres tipos:

Los leves, con picores en boca y garganta, con o sin erupción leve alrededor de la boca. También la aparición de sarpullidos, eczemas, hinchazón de labios, de párpados o manos pueden constituir la primera señal de una alergia ante un alimento o un componente.

En los síntomas graves interviene ya el aparato digestivo y respiratorio. Aparecen vómitos, náuseas, diarreas, calambres estomacales, estornudos…

Una tercera sintomatología, la más grave pero también la menos frecuente, es el shock anafiláctico y sus derivados, con descenso brusco de la tensión arterial.

En los dos primeros casos, es necesario acudir a un médico para que nos dé cita con un alergólogo, el especialista que nos aclarará el origen del problema. En los casos de mayor gravedad debemos ir a Urgencias de inmediato.

 

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